The Same Old Shit a Different Day

The Same Old Shit a Different Day

jueves, 30 de noviembre de 2017

Partir, parar, encontrar o engordar. Como esos que juzgan con la mirada o con sus opiniones de mierda, mientras uno se va dando vueltas en lo que no importa.

Si fuera lo que no fuera para que saliera. O tal vez esa sensación de alegría incondicional, que por solo por un instante donde encuentras tu forma más plena.

Que pena por todos y por nadie, pues una vez y otra vez importa bien poco lo que nos queda por vivir o por descubrir. Quizás si llegáramos al final del camino podríamos llegar a un bien común, que es tan poco común como el mismo bien. Oh, amor mío mírame como solías hacerlo cuando el silencio no era incómodo ni completo.

El tiempo pasa y la caída permanente también. Como si algo no existiera, pero se sintiera.

Aquí estoy una vez más con la feliz melancolía de encontrar en palabras aquellos sentimientos por los cuales no estoy del todo hecho, derecho en el techo o los helechos en aquellos pechos.

¿No te hago reír cuando el sol no brilla? 

sábado, 25 de noviembre de 2017

Una vez estaba el presente caído en el río, de un latido y un mendigo. Te digo y me miro cuando me sonrío de lo traído.
Inocente, paciente en el presente de este ente, que merece que lo tienten los pecados, recargados de aquellos dados, que van por los lados, de lo que nos queda el candado.
Si pudieras saltar y volar, rodar y parar en la tempestad de la maldad al mirad y callad una vez más, lo que das y no das.
Sería tal vez la pasión y la compasión en una nación, que nació y llegó lo que quedó cuando se quemó todo y nada. En una mirada, una caminata, una canción y un pirata. Lanzaba y paraba la roca, loca...
Finalmente es el mar, amar de parar y descansar en el estar, una vez más.

Compás en esa sonrisa, que nos mira en la historia de la gloria motora. Caída en la huída pacifista y clasista de una lista de revista, que da risa y palpita en la pinta, que es una buena pinta.
Y no importa lo que corra y borra en la porra de la oda que poda. Ay no llores, no montes ni escondes el cerro que lo veo y lo quiero como el perro; un buen perro.

Llegabas, amabas, bailabas, cantabas, llorabas con las habas que odiabas. Y las hadas estaban calladas y aunque te miraban, a la vez terminaban.



miércoles, 22 de noviembre de 2017

Viento del sur

Mira como te espero una vez más, como cuando te miraba escondido en el mar. Recuerdas cuando volvías en los sueños para decirme la mitad y llegar con sensaciones y pensamientos.
Hoy experimenté la felicidad conocida en el instante que algunos llaman verdad, pero cae tristemente en la desigualdad real, del crear y no inventar la capacidad de reencontrar lo vivido.

Mira como miras a oscuras la oportunidad de volar y no chocar con la lealtad final de un amor sin realidad.

Reír, llorar, cantar y comer en la belleza; purezas como esas fresas que abrazan los gustos y los convierten a su antojo, porque si llega el enojo como un ojo de aquel pozo. O tal vez fue ese abrazo del oso...

Finalmente llegas me miras y te fallo nuevamente, como aquel ente que prende y no miente pero siempre... pierde.

lunes, 3 de abril de 2017

Amarillo

Al mirar el abismo lanzaremos la piedra. Y es en otro lado que se revientan y explotan las luces que encandilan a los que terminaron de ver, pues una y otra vez el idiota seguía por los mismo caminos.

Sé fuerte, sé duro, sé roble. Se repetía en las ocaciones que alcanzaba a oír los sonidos que le envolvían, como un suspiro de desahogo que dejaba su rastro al lado de la cicatriz. Aquella herida de combates, de aprendizajes y de sueños que resbalaban en el trampolín de lagrimas que dejaron atrás.

Nadie podía ver lo que quedaba, o quizás nadie quería dejar lo que opacaba. Y era tan afortunado, tan fuerte y tan orgulloso que nunca tuvo la oportunidad de agradecer, de sonreír y de correr. Lejos, libre y en paz. Con tu recuerdo en antiguos testamentos que firmaron con deseo las líneas de tus luceros. O el corazón de melón y quizás la sonrisa de la dureza no dureza o transigencia intransigente.

Pero el idiota seguía en aquellos caminos. Esos ya recorridos buscando plumas en el olvido, o pelusas de vidrio o cegar con el brillo.

La verdad eterna es la impaciencia, la falta de tiempo en el infinito y finalmente pecar en lo prohibido. Desear en lo onírico y soñar en el paralelo, donde la búsqueda se vuelve flotante y la cicatriz es el calmante, para recordar que el idiota ya se ha visto donde lo han visto.

Mientras los ideales, los pensamientos, los sentimientos y los deseos sean reales... ese sol seguirá brillando y lamentablemente el idiota, seguirá encandilado. 

jueves, 7 de julio de 2016

Que tú no hables del mundo, no quiere decir que el mundo no hable de ti. La violencia está en todos lados y siempre saldrán mejor parados aquellos que la sepan esquivar.

lunes, 27 de junio de 2016

El proceso de la vida debería ser distinto, donde el aprendizaje y las herramientas sean incorporadas en la niñez, para que cuando seas adulto tengas lo suficiente para poder seguir tus sueños y, por sobre todo, cumplirlos. Así, existirían muchos seres más plenos y no tanto estúpido y amargado ente sin valores, sin emociones y sin metas.

jueves, 10 de marzo de 2016

Mi actos quedarán siempre definidos por mis errores, por mis pasiones. Mientras levanto la cabeza y absorbes la diversidad con patas, te das cuenta que para qué aprender una vez, si podemos aprender dos veces.
En paz, en silencio y en un profundo invierno, me riman solo los perpetuos.

lunes, 7 de marzo de 2016

A veces me pregunto el camino de las decisiones y los pensamientos, como si estuviéramos destinados a vagar por el inconsciente y descubrir las cosas que dejamos de lado. Cómo sería tener el control de las situaciones y jugar con la grandeza.
Los estados emocionales son afectados constantemente por nuestros deseos más profundos de atención, o quizás de éxito. Como si decidiéramos encontrar las cosas que nos fallan y nos hacen más débil. Encontrar un destino sobre lo que es vivido me parece tan utópico como abstracto.
Y en momentos como este podría asegurar mis valores más profundos, a cambio de la certeza de luchar diariamente por ser una mejor persona, por no afectar en las decisiones de los demás y ser un observador permanente de la grandeza encontrada en la vida misma.

Leer cosas y experiencias ajenas nos impiden desarrollar la hermosura de la vivencia misma y ser alguien autodidacta. Como encontrar el fin último si no nos caemos en el intento, pero nos olvidamos también del desgaste físico y mental.

Hasta dónde se puede aguantar?

Los límites personales son casi tan necesarios como el autocontrol y la autocompasión. Vivir por segunda vez las mismas experiencias pasa del aprendizaje a la estupidez.

Tan necesario me resulta escribir al instante de no encontrar las respuestas y seguir donde mismo me encontré en mi mejor y mi peor momento. Sin embargo, y con la poca certeza que me queda en este tipo de situaciones, debería decir finalmente que reír es lo único que queda en una vida como esta, en un momento único y en un tiempo indefinido. 

Gravedad

Es como girar en el mismo eje; punzado, mareado, eterno y drenado. Como la gravedad, una fuerza fuera de los tiempos y de los espacios. Como el amor.

Sentado y esperando el mañana, cansado y aburrido de lo que pase y no pase, como la monotonía y las malas decisiones, las malas mareas y los paseos desgastados. Buscar el tesoro donde queda olvido, polvo en las brazas del fuego incombustionado de lo que queda del día nublado. Será el poco oxígeno, o la poca vida, o el poco interés.

Luchar diariamente es lo que nos hace más fuerte, pues el reír en la poca honestidad será una enseñanza difícil de lograr. O aceptar, como el perro que queda esperando a su amo que nunca vuelve.

Como desgarrar de a poco y sacar los pedazos secos de piel. Insipidez es el  recuerdo, pero ahora digo que es lamento, no como el boliviano de aquella canción que nos perturba el conocimiento. Es altura, es deseo, es sonrisas y es hueveo. Un péndulo de una energía cíclica que perdura y perdura con algo más fuerte que la tal gravedad.

Olvidarse es tan difícil como avanzar. Como cuando caminas en el barro y vez más adelante tu mejor árbol de vida, verde, alto. Sin ramas ni hojas. Sin color ni fin.

Finalmente uno debe aprender en base a la experiencia. En base al conocimiento y aprender a alejar el instinto, que aunque inspirado por el deseo y la superación permanente, es abstracto como difuso, hermoso... Pero también mentira.

domingo, 6 de marzo de 2016

palabras opacas

Partir donde no hay que ir, como vivir donde alguna vez morí. Sentir cuando volví, mientras pedí lo que vi.
Reír, reír y reír.
Lo que escapa a lo que vuelve sin ser llamado, podría ser quizás lo que nos mantiene en blanco, como cuando canto y opaco lo que va en el taco del último tabaco.
Dentro de lo que queda y va, ya no está lo que fue escrito en un fa. Esa canción fue más allá, para llegar donde no estás y mirar con un quizás, que donde no va y tampoco está... Llegará.

sábado, 5 de marzo de 2016

Caminando por los árboles encontré los mares nublados. Esos que suenan a la distancia y no haces más que escuchar su magnificencia, como aquel donde los creyentes que se ahogaron en sus buenos pensamientos junto a sus deseos más profundos, flotan en un olvido.

Es ver la marea entrar en un permanente descanso. Un sueño eterno. Un amor imposible. Un vaso vacío. Un respiro en el tiempo.

Como ir jugando con la gravedad que queda, simulando entregar un mensaje eterno al que alguna vez creyó en que era cierto. Nada queda más que patear las piedras azules y volver donde nacimos, ahí donde nos quieren, ahí donde nos escuchan, ahí donde nos quedan los últimos rojos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Las palabras se las llevó el viento. Lamento y el destello que dejó perplejo. Como el evento que llevaba aquel festejo.

Tantas líneas y tantas cosas. Como tratar lo intratable y buscarte en tus lagunas, soñar en tus destellos y llorar en tus añejos, como el tiempo que vino y no volvió.

Tanto que amo los dos y olvidar los primeros.

No queda ya el brillo tapado en el polvo, no en el soplo del poco aire que me queda. Alzar mi última mano, pero saber que ya es en vano. Perdí, lloré, amé y viví.