Caminando por los árboles encontré los mares nublados. Esos que suenan a la distancia y no haces más que escuchar su magnificencia, como aquel donde los creyentes que se ahogaron en sus buenos pensamientos junto a sus deseos más profundos, flotan en un olvido.
Es ver la marea entrar en un permanente descanso. Un sueño eterno. Un amor imposible. Un vaso vacío. Un respiro en el tiempo.
Como ir jugando con la gravedad que queda, simulando entregar un mensaje eterno al que alguna vez creyó en que era cierto. Nada queda más que patear las piedras azules y volver donde nacimos, ahí donde nos quieren, ahí donde nos escuchan, ahí donde nos quedan los últimos rojos.
Es ver la marea entrar en un permanente descanso. Un sueño eterno. Un amor imposible. Un vaso vacío. Un respiro en el tiempo.
Como ir jugando con la gravedad que queda, simulando entregar un mensaje eterno al que alguna vez creyó en que era cierto. Nada queda más que patear las piedras azules y volver donde nacimos, ahí donde nos quieren, ahí donde nos escuchan, ahí donde nos quedan los últimos rojos.
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