The Same Old Shit a Different Day

The Same Old Shit a Different Day

jueves, 30 de abril de 2020

Hamor con H

En estos días de encierro y de auto conocimiento se me ha venido a la cabeza un pensamiento que es difícil de expresar.
Nadie ha negado que han sido días muy complicados en todos los sentidos que podamos tomar, pero en vez de navegar por la eterna oscuridad de un camino sin vuelta, creo que es mucho mejor sentarse a reflexionar y poder expresar los sentimientos más puros y profundos que alguien tiene.
Y es complicado no entrar en un mundo donde no se pueda dar todo de uno para que sea mejor. No, existe el control y la estabilidad (que encuentro cada vez más inestable), para hacerte entender que las elecciones que uno va tomando con el tiempo, aunque no sean las mejores, son las que uno prefiere. Y si vamos a entregar amor, amistad, cariño, respeto y admiración, me pregunto de qué sirve de verdad si lo hacemos a media máquina.

Ya es repetido en muchos niveles, que la intensidad o la pasión no es siempre mirada con los mejores ojos. Estamos inmersos en una cultura compuesta por personas que aman lo desechable, "si no me sirve, lo boto". Lo particular, es que se está aplicando en TODOS los niveles, tanto sociales como materiales, y me doy cuenta que el sentido de las cosas también se va desechado. Pues es mucho mejor deshacerme de algo y adquirir algo nuevo.

Por ejemplo, si tengo una persona que estoy conociendo, o incluso un amigo de años, que ya no forma parte de mis intereses, se va expulsado y se queda en la basura. Y es aquí donde profundizo más mi pensamiento y la frustración que me da utilizar tantos recursos en un mundo tan limitado, pues el trabajo, desarrollo y preocupación para renacer aquello que está muerto ya no lo tiene nadie.

En mis momentos de lucidez, me quedo atrapado en esos programas de gente que restaura cosas para darles una nueva vida. No importa el trabajo, no importa el tiempo, ni tampoco importa que ya no sirva, la voluntad de rescatar algo que poca vida le queda, me parece cada día más admirable. Escuchar relaciones de amigos desde hace años, o una pareja de compañeros que se han mantenido frente a la adversidad, frente a las frustraciones y frente a todos los obstáculos para sacar algo a flote en base del amor. Pues cuando existe el amor, no importa el tiempo, no importa la voluntad, no importa los problemas y no importa nada, pues este concepto es la base y el cimiento perfecto para encontrar el punto que voy.

Si pensáramos en el amor como un concepto único, se podría encontrar que más que nada parece una utopía en base a un sentimiento por sí solo. Lamentablemente no es así. Para que exista, debe existir también una historia, un problema, un obstáculo y una adversidad que aparece, ya que así es la vida. Las religiones hablan del paraíso, pero a mi me gusta pensar en que es una utopía, que la vida es acá y el presente es ahora, y botar las cosas porque ya no te sirven me da cada día menos esperanza en que podamos subsistir y podamos encontrar el camino para el desarrollo y la plenitud personal de cada uno.

Aunque me sienta desechado, cansado, agobiado o frustrado, nadie; absolutamente nadie me hará perder la fe que podemos desarrollar un mejor sentido a la vida. Que este encierro podamos encontrar que lo esencial es invisible a los ojos, como lo dijo el Principito. Que las personas pasan por estados, que la comunicación hace mucha falta y que en lo más profundo de mi pensamiento creo que podremos llegar a un momento de equilibrio. Sé que mi último pensamiento es una utopía después de escribir esto, pero lamentablemente soy un soñador con mucha voluntad, mucha superación y finalmente... con mucho amor.  

domingo, 26 de abril de 2020

Hoy

Es como tener un nudo en la garganta. Una presión ya normal en los estados conocidos y que llega de forma natural, estúpida y sin ningún aviso. Como si supiera el final que me espera, pero aun así seguir caminando hacia el vacío.
Qué complejo es poder deambular en los sentimientos, en la historia y en las metas que nos quedan luego que se nos van todas las fuerzas. Es un renacimiento cíclico, que nos confunde y que traslada todo lo que podamos sentir a un inmenso e infinito universo, pues los límites y las reglas se rompen al momento de recordarte.

Y es aquí donde me detengo y enfrento aquellos miedos. Donde miro a los ojos y aparecen aquellos recuerdos, tales como esas películas con finales perfectos, que nos hacen soñar, pero también experimentar una envidia.
Las horas pasan, los días nublados se hacen más fríos y esa única lluvia valdiviana limpia el aire, para que uno respire profundamente y logre llegar a ese sueño que alguna vez formé solo. Y es un sueño que ha estado más de una vez dando vuelta, tal como la idea de no aceptarlo y no saber lo que soy al fin y al cabo. Un ser único en la inmensidad del tiempo, transversal como el amor y trascendente como el aire, el agua o el mismo fuego.

Al empezar a volar, caí. Al empezar a nadar, no floté. Al empezar a respirar, me ahogué. Hoy confieso que extraño el pasado, que vivo el presente y que esperaré el futuro.
Caminar por los rieles antiguos, en pleno día de otoño es lo más romántico que podremos llegar en un domingo cualquiera. Mientras la exploración de mi perro me motiva a seguir caminando, me pongo a viajar por las corrientes sin sentido que pasean por el pasto.

Busco meditación, encuentro y conocimiento. Me he perdido en el encierro, para reencontrarme de nuevo, pues es el silencio el más preciado tesoro en una sociedad cada vez más destruida y compleja.

Lo bueno es que la vida siempre nos ha demostrado que existirán razones para pasear por las nubes y explotar con el viento, el sol, el agua, las sonrisas y las penas. "Qué queda por mejorar?" me pregunto, mientras trato de escapar de los peligros, latentes, presentes y conscientes de los detalles y de las amenazas que provocan los viajes interestelares en bases al amor.
Conceptos muy importantes sin una definición absoluta, pero interpretada de la forma libre y caótica que representa el coqueteo imparcial y poco concreto, entre las posibilidades positivas y los estados negativos.

Y es que siempre podremos decidir el camino que podremos tomar. Decidir en cómo actuar. Decidir cómo pensar, para finalmente decidir quién ser.

No podremos olvidar jamás la trascendencia de la particularidad, pues las diferencias y la igualdad pondrán siempre formar parte de una comunión total y perfecta en base, por supuesto, a su principio imperfecto.  

jueves, 23 de abril de 2020

Cuarentena

Volvemos a encontrar las primeras letras olvidadas en ese papel tirado. Lo miro, lo tomo y me doy cuenta que el camino que aparece dentro del círculo eterno de la inconformidad, se pierde en lo que llamamos Nuevo Presente.

Y me detengo para pensar que está bien, hay que bailar en el pasado y sonreír con la nostalgia que nos entrega la buena compañía. Pues una vez más, recurro al recurso eterno de aquellos vectores que representan el pensamiento incompleto.

No basta con sentarme aquí y esperar el cambio como parte del proceso. No. Pues lo que viene ahora es mirar hacia atrás, pero también mirar hacia adelante y finalmente sonreír y abrazar los que nos deja el destino. Como esos paseos sin sentido, o esas vueltas hacia la adversidad, para entender que en plena lluvia uno puede estar vivo.

Es más, renacer con el agua del cielo. Sentarse a comer y ver en aquellos pensamientos y toreos, que el juego que hacemos, dependerá siempre de la voluntad, el vuelo, la paciencia y el arte de entender que la vida es un eterno aprendizaje. Que el amor es parte del proceso y el cambio es parte de adaptarse. Que la vida, es la vida y ya está.