The Same Old Shit a Different Day

The Same Old Shit a Different Day

viernes, 28 de septiembre de 2007

Manifiesto de un soñador



A veces siento que el mundo va girando con su respectivo curso normal. Sin embargo, entre más observo las distintas cualidades del contexto al cual vivo, me doy cuenta que a veces soy el único que sonríe a lo que trae la experiencia de la vida.
Estoy en total desacuerdo con grandes pensadores, los cuales pueden invadir de un pensamiento negativo a lo que en verdad podemos lograr ser como personas. La experiencia a lo vivido no es un pretexto o un sinónimo de los distintos errores que podemos cometer, sino que más que es eso es la ley natural a la cual estamos sometidos como vidas.

¿Quién no ha cometido un error? ¿Quién en algún momento no ha caído? ¿Quién ha hecho todo bien? Somos entes racionales a las cuales las distintas situaciones a las que estamos sometidos, nos hacen aprender día a día de nuestras caídas. Pero eso no es algo malo, al contrario, pues hacen que la ésta tenga esa riqueza y esa esencia que la hace tan especial como la conozco.

Es mucho más fácil impregnarse de un pensamiento negativo. Es mucho más fácil abrir las puertas de nuestros sentimientos, para mirar la infinita realidad a la cual estamos sometidos. Ese mundo de mierda que nos muestra día a día a las almas cada vez menos soñadoras, los malditos asesinatos, secuestros, terrorismo y una falta de moralidad extrema. Si.. lo sé, también puedo impregnarme del pesimismo extremo al cual estamos rodeados. A pesar de eso, miro las distintas perfecciones de la esencia real de la vida. Mis sentidos me ayudan de una manera clara a disfrutar y luchar contra la pasión natural del ser humano y su autodestrucción.

Nadie en ningún momento dijo que era fácil, pero no es un motivo claro para dejar caer los brazos y rendirse al destino natural. Tenemos la capacidad de reír, amar, llorar, sufrir, tener miedo, tener esperanza y tener sueños. Quien sabe cuántas personas en el momento antes de su partida, pidieron tan sólo una oportunidad. Y nosotros, rodeados de buenos motivos para seguir viviendo, luchando y soñando nos ponemos a pensar en lo maldito de la vida.

No busco un cambio; tampoco una conciencia; tampoco una enseñanza, sino que al igual que muchos que muestran día a día sus pensamientos, yo muestro el mío.
Decidí tomar un camino distinto, un camino de esperanza y de sueños. Sigo creyendo en la gente, en los sentimientos y en la vida… pues como trae muchas cosas que prueban nuestras habilidades como personas, también trae regalos mágicos que hacen creer más y más en que la belleza y la esperanza existen.

Gracias a todas las personas y las cosas que me hacen creer en la belleza natural y perfecta del mundo. Así como algunas me las destruyen, ustedes me hacen saber de que sí hay cosas por las cuales luchar y sinceramente… no me daré por vencido.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Una experiencia motivadora

Mientras los sonidos de la inminente y, a su vez, necesaria melodía que nuestros oídos necesitan escuchar de vez en cuando, me detengo mirando las imágenes musicales del pasado. Ha cambiado tanto el mundo y la evolución parece traer consigo una rapidez que nos permite pocas veces disfrutar nuestro alrededor. En tiempos anteriores, todo era mucho más esencial. La música no era una imagen, un peinado o un pretexto para ganar millones con una empresa disquera. Era algo más del alma. Era un sentimiento... una cultura.

Espíritus a lo largo del mundo, viajaban por distintos pueblos impulsados por la música. En Estados Unidos, país odiado por muchos, fue el aposento donde se crió un concepto conocido hasta el día de hoy en todo el planeta. Sólo cuatro letras podían entregar una inyección de adrenalina a los distintos amantes de la expresión directa de energías varias, las cuales mediante sus Gibsons lograban crear una armonía, casi necesaria en esos tiempos, entre los autores y lo receptores. El mundo cambiaba. El Rock había nacido.

Muchas imágenes distintas aparecen el recuerdo de todos cuando se juntan esas cuatro letras para entregar un concepto tan grande como lo es el Rock. Sin embargo, hay uno en específico con una canción en particular, al cual me gustaría detenerme y darle el resto de las líneas de este pequeño tributo.

En una ciudad llamada Saint Louis, el 18 de octubre de 1926 nace Chuck Berry. Con grandes éxitos del Rock and Roll como, Roll Over Bethoven, Rock and Roll Music, Route 66 o Johnny B. Goode, el ganador del Grammy en 1984 logró insertar su nombre en los grandes exponentes del género a lo largo de la historia.

Quizás es un poco vergonzoso contar mi primera experiencia con Chuck Berry. Esta me transporta a los últimos años de la década de los 80, cuando dentro de mi filmografía favorita se encontraba una de las mejores películas para los niños de la época, “Volver Al Futuro”. Gloriosa y magistral es la imagen donde Michael J. Fox, con su guitarra interpreta en el baile de enamoramiento de sus padres, una canción de este gran autor, “Johnny B. Goode”. Más característico y ejemplar se hace este momento, cuando uno de los músicos de la banda de acompañamiento de Fox, llama por teléfono a uno de sus primos (Chuck Berry), invitándolo a escuchar la nueva melodía expuesta. ¿Será Michael J. Fox uno de los precursores del Rock and Roll?; En el mundo de ahora, es difícil saberlo.

Es casi inevitable asimilar Johnny B. Goode con mis primeros indicios a la afinidad que tengo el día de hoy con el Rock and Roll. Al analizar la letra de este tema, nos encontramos con el sentimiento puro de libertad y de amor al arte de la música. Johnny, es asimilado con un nombre típico en Norteamérica en esos tiempos, en nuestro país sería reemplazado con un “Juanito”; y al pronunciar B. Goode en inglés, se iguala a la expresión “Be good” (se bueno). Entonces en el idioma castellano la traducción real de Johnny B. Goode es Juanito sé bueno.

"En lo profundo de Louisiana, cerca de Nueva Orleans
En el camino arriba en los bosques entre los árboles,
Ahí perdura un caseto con troncos hecha de tierra y madera
Donde vivía un chico del campo llamado Johnny B. Goode,
Que nunca aprendió a leer o escribir bien
Pero él podía tocar la guitarra como si tocase una campana
Vamos, vamosVamos
Johnny vamos, vamos Johnny B. Goode
Solía cargar con su guitarra en un saco de yute
Oh, sentado bajo un árbol por la vía férreaOh, los maquinistas lo verían sentado en la sombra
Rasgueando al ritmo de los conductores
Oh, y la gente pasando, ellos pararían y dirían
Oh, mi pequeño chico del campo podría estar tocando
Su madre le dijo que algún día sería un hombre
Y que tú serías el líder de una gran vieja banda
Mucha gente viniendo desde millas alrededor
Para oírte tocar tu música cuando el sol se pone
Puede que algún día tu nombre esté puesto en luces diciendo
"Johnny B Goode" por la noche”

No hay mejores palabras para describir el sentimiento real de esta canción, como lo son sus mismas líricas, las cuales se repletan de similitudes y de contextualizaciones a lo vivido en esos días por grandes ejemplos del Rock. Cada momento. Cada instante donde necesito una motivación similar a una inyección de adrenalina pura, busco dentro de mis archivos musicales a Johnny B. Goode, donde mágicamente el sonido de una Gibson, con una batería con influencias Jazz y del Blues, con un piano lleno de vida y la voz de Berry gritándome palabras simples, pero con tanta energía como “sé bueno”, me motivan y me hacen salir de la burbuja, dándome el aliento necesario para salir adelante y mirar todo con otro punto de vista. Por eso y por mucho más es que agradezco a la vida, por darme algo tan preciado, motivante y necesario, como lo es el Rock and Roll.