El problema principal de fechas como las de hoy, son las suposiciones. Los recuerdos de por qué vamos a casa y no saber la respuestas de aquellas estúpidas jodidas.
Son las luces sobre la gente que caen en aquel estadio, las que me hacen pensar en los recuentos. Perderse en caminos del pasado, para olvidar antiguos presentes que obligaban a pensar en aquellos futuros.
Sin embargo, es complicada la idea de no valorizar las cualidades y actitudes por las que nos vemos rodeados. Será que tenemos que vivir intrínsicamente en la desesperación máxima de las cosas que perdimos, o quizás será que el masoquismo quiere ser parte también del pasado-presente-futuro.
A momentos me gusta pensar en que no existe el tiempo. Esos universos paralelos de parpadeos que me hacen correr libremente y con el aire en el rostro, donde el tempo en ritmo y latidos, encuentran algún destino para disfrutar lo que escucho.
Pero tengo que ser. Tengo que ser lo que nunca fui, y volver a parecer que estoy vivo. Debe ser que me hace muy feliz oír esos sonidos antiguos, que nada importaba, nada querría importar nunca más. Como pajaritos o un buen ritmo de un buen baterista. Moverse y encontrar mejores lugares para aprender y no olvidar, lealtad y voluntad caerán en la verdad. Y aquí es cuando llega una minga y me hace olvidar que existen los puntos y despuntes. Absorber la información no sirve de nada si es que no se disfruta con ella, quizás algunos disfrutamos sabiendo absolutamente todo.
Y debe ser que unas de las mejores cosas para aprender, es la paciencia. Como arte y amante de todas las otras ciencias no entiende conceptos como pasión o destino. Distinto quizás y mala suerte también, pues los intermedios son más largos de los que muchos disfrutaría y serían los que parecen vivos.
Es una arena movediza que transpira, pero no avisa que te traga como uno de esos agujeros negros del universo que alguna vez prometieron. Esas palabras que van con el viento y vuelve con los tiempos, como la primavera y el verano que reencuentran y encantan a los más escépticos de los que quedan. A veces me pregunto si seré todavía alguno de ellos o quizás tú que buscas con deseo el ego, que no es ego si no es uno de tus más profundos sentimientos.
Quedan por un segundo esos riesgos y espejos.
Son las luces sobre la gente que caen en aquel estadio, las que me hacen pensar en los recuentos. Perderse en caminos del pasado, para olvidar antiguos presentes que obligaban a pensar en aquellos futuros.
Sin embargo, es complicada la idea de no valorizar las cualidades y actitudes por las que nos vemos rodeados. Será que tenemos que vivir intrínsicamente en la desesperación máxima de las cosas que perdimos, o quizás será que el masoquismo quiere ser parte también del pasado-presente-futuro.
A momentos me gusta pensar en que no existe el tiempo. Esos universos paralelos de parpadeos que me hacen correr libremente y con el aire en el rostro, donde el tempo en ritmo y latidos, encuentran algún destino para disfrutar lo que escucho.
Pero tengo que ser. Tengo que ser lo que nunca fui, y volver a parecer que estoy vivo. Debe ser que me hace muy feliz oír esos sonidos antiguos, que nada importaba, nada querría importar nunca más. Como pajaritos o un buen ritmo de un buen baterista. Moverse y encontrar mejores lugares para aprender y no olvidar, lealtad y voluntad caerán en la verdad. Y aquí es cuando llega una minga y me hace olvidar que existen los puntos y despuntes. Absorber la información no sirve de nada si es que no se disfruta con ella, quizás algunos disfrutamos sabiendo absolutamente todo.
Y debe ser que unas de las mejores cosas para aprender, es la paciencia. Como arte y amante de todas las otras ciencias no entiende conceptos como pasión o destino. Distinto quizás y mala suerte también, pues los intermedios son más largos de los que muchos disfrutaría y serían los que parecen vivos.
Es una arena movediza que transpira, pero no avisa que te traga como uno de esos agujeros negros del universo que alguna vez prometieron. Esas palabras que van con el viento y vuelve con los tiempos, como la primavera y el verano que reencuentran y encantan a los más escépticos de los que quedan. A veces me pregunto si seré todavía alguno de ellos o quizás tú que buscas con deseo el ego, que no es ego si no es uno de tus más profundos sentimientos.
Quedan por un segundo esos riesgos y espejos.
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