Son aquellos sonidos los que encantan a los más reacios. Esas miradas que entran en cualquier seguro del alma, quizás sólo por el presente imparcial que vivimos.
Y es sólo que no tengo a nadie para entregar lo que siempre he querido... como para creer finalmente en el karma más absurdo, pues no es mi deber castigar ni juzgar los pensamientos en el comportamiento de otro, sin embargo sí es disfrutar lo poco que tengo y sonreír finalmente a lo que viene.
Mi calma.
Y es sólo que no tengo a nadie para entregar lo que siempre he querido... como para creer finalmente en el karma más absurdo, pues no es mi deber castigar ni juzgar los pensamientos en el comportamiento de otro, sin embargo sí es disfrutar lo poco que tengo y sonreír finalmente a lo que viene.
Mi calma.
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