Miraba el camino con cierto cansancio, pues le gustaba llegar a la cima y poder borrar cualquier recuerdo. La líneas estaban marcadas de amarillo, y de vez en cuando se leía un mensaje de aliento, sobretodo esos que prometen amor eterno en la pasión desenfrenada de la adolescencia.
Lo más impactante de esos segundos de aire puro, era ver la inmensidad de una ciudad sin respiro. Una ciudad sin valores y menos sentido. Una ciudad oscura y gustosamente envuelta en la desilusión máxima de los millones que ya perdieron la esperanza.
Pero es el sistema. No existe otra duda al respecto, pues es claro que mientras más avanzamos en el consumismo y la adquisición de ilusiones patéticas y dignas de una sociedad decadente, llegaremos siempre al mismo inicio.
La amargura de aquel viejo y el arribismo de aquella mujer. Las expresiones muertas y el alma también.
Y es aquí donde nace la necesidad natural de heroísmo, pero sólo queda escribir las escasas palabras que probablemente nadie pueda leer alguna vez, porque en más de un momento él pensó en que podría simplemente llenar aquellos espacios con los detalles de la simpleza. A pesar de que muchas veces queda en claro que la belleza más natural se encuentra en las cosas más inesperadas o en las frases más deslumbrantes.
Por ahora, sigue caminando para acallar sus penas, sus angustias y sus deseos. Entiende - y lo acepta constantemente - que los procesos serán generados sólo por la necesidad de las partes en cuestión, pues la magia de las cosas estará siempre en aceptar con verdad y sin miedo para aquellos pequeños susurros de transparencia y lealtad propia, pues la mentira consciente es la peor de todas.
Lo más impactante de esos segundos de aire puro, era ver la inmensidad de una ciudad sin respiro. Una ciudad sin valores y menos sentido. Una ciudad oscura y gustosamente envuelta en la desilusión máxima de los millones que ya perdieron la esperanza.
Pero es el sistema. No existe otra duda al respecto, pues es claro que mientras más avanzamos en el consumismo y la adquisición de ilusiones patéticas y dignas de una sociedad decadente, llegaremos siempre al mismo inicio.
La amargura de aquel viejo y el arribismo de aquella mujer. Las expresiones muertas y el alma también.
Y es aquí donde nace la necesidad natural de heroísmo, pero sólo queda escribir las escasas palabras que probablemente nadie pueda leer alguna vez, porque en más de un momento él pensó en que podría simplemente llenar aquellos espacios con los detalles de la simpleza. A pesar de que muchas veces queda en claro que la belleza más natural se encuentra en las cosas más inesperadas o en las frases más deslumbrantes.
Por ahora, sigue caminando para acallar sus penas, sus angustias y sus deseos. Entiende - y lo acepta constantemente - que los procesos serán generados sólo por la necesidad de las partes en cuestión, pues la magia de las cosas estará siempre en aceptar con verdad y sin miedo para aquellos pequeños susurros de transparencia y lealtad propia, pues la mentira consciente es la peor de todas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario