Cómo será llegar a viajar con lo que queda por buscar. Y es que las cosas a veces simplemente no están destinadas a llegar, o quizás volver del más allá para encontrar lo que no hay.
Es de arriba para abajo y de un lado para el otro, como un péndulo que oscila en las entrañas de los más oscuro pensamientos y será quizás que mañana podrá ser otro día de sueños caídos y pensamientos destruidos.
Cuando decides partir sin mirar atrás por el miedo, o avanzar a ciegas como en paralelo. Cuándo llegará aquel día de placer y vacíos completos donde no puedo encontrar las respuestas que me gustaría en el momento indicado.
Quizás nos queda otro día para volver a pensar que llegaremos al destino soñado, y es el miedo que me nace al ver en tu mirada algo que temo.
Caminas sin encontrar los pasos y buscas lo que no sabes buscar. Y tal vez será que no sabes lo que deseas ni cuando los deseas, pues las oportunidades se toman a la primera vez y no a la segunda como algunos piensan. Es como ser la segunda opción de un destino perpetuo, atrapado en lo que llamamos deseos.
Sin en este mar intenso de palabras sin sentido podría sólo por una vez encontrar las palabras correctas para definir aquellos últimos respiros de un corazón sin latido. Es el compás, esos pasos en el tempo que marcan la diferencia entre unos y otros, pues la diversidad tanto de personas como de sentimientos hacen de este mañana un lugar perfecto para encontrar todos los deseos y sueños que caen, como las hojas secas de una atención que no es atención ni interés. No es verdad, no es amor, no es lealtad ni tampoco admiración, es lo carnal que llama a las dudas de pequeñas inseguridades diarias que hacen perder lo que pensaste encontrar.
Y las sonrisas quedan y los abrazos también. Los recuerdos, los lamentos y la felicidad compartida, la paz interior que creímos encontrar y el lanzamiento de un lamento en un torpedo que viaja directo a los que no queda de tiempo. Puedo cerrar los ojos y pensar que no importa, en el verdadero sentido del planeta donde perdimos en el cansancio de un juego sin final. una canción sin melodía y un poema sin letra.
Iremos al pasado en un tren expresso, que nos invite a sonreír por última vez, que nos deje viajar en el tiempo y encontrar lo que se busca, se esconde y se va. Aunque la nostalgia invada lo que queda de sentimiento te miro a los ojos y te digo que lo mejor que tenemos es nuestro recuerdo.
Es de arriba para abajo y de un lado para el otro, como un péndulo que oscila en las entrañas de los más oscuro pensamientos y será quizás que mañana podrá ser otro día de sueños caídos y pensamientos destruidos.
Cuando decides partir sin mirar atrás por el miedo, o avanzar a ciegas como en paralelo. Cuándo llegará aquel día de placer y vacíos completos donde no puedo encontrar las respuestas que me gustaría en el momento indicado.
Quizás nos queda otro día para volver a pensar que llegaremos al destino soñado, y es el miedo que me nace al ver en tu mirada algo que temo.
Caminas sin encontrar los pasos y buscas lo que no sabes buscar. Y tal vez será que no sabes lo que deseas ni cuando los deseas, pues las oportunidades se toman a la primera vez y no a la segunda como algunos piensan. Es como ser la segunda opción de un destino perpetuo, atrapado en lo que llamamos deseos.
Sin en este mar intenso de palabras sin sentido podría sólo por una vez encontrar las palabras correctas para definir aquellos últimos respiros de un corazón sin latido. Es el compás, esos pasos en el tempo que marcan la diferencia entre unos y otros, pues la diversidad tanto de personas como de sentimientos hacen de este mañana un lugar perfecto para encontrar todos los deseos y sueños que caen, como las hojas secas de una atención que no es atención ni interés. No es verdad, no es amor, no es lealtad ni tampoco admiración, es lo carnal que llama a las dudas de pequeñas inseguridades diarias que hacen perder lo que pensaste encontrar.
Y las sonrisas quedan y los abrazos también. Los recuerdos, los lamentos y la felicidad compartida, la paz interior que creímos encontrar y el lanzamiento de un lamento en un torpedo que viaja directo a los que no queda de tiempo. Puedo cerrar los ojos y pensar que no importa, en el verdadero sentido del planeta donde perdimos en el cansancio de un juego sin final. una canción sin melodía y un poema sin letra.
Iremos al pasado en un tren expresso, que nos invite a sonreír por última vez, que nos deje viajar en el tiempo y encontrar lo que se busca, se esconde y se va. Aunque la nostalgia invada lo que queda de sentimiento te miro a los ojos y te digo que lo mejor que tenemos es nuestro recuerdo.
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