Esperaste hasta el último instante para aparecer. Llegaste de la forma más cobarde, para hacerme entender de que tenías la razón. Era tal como estaba destinado.
Sin embargo nada te quitó el placer de verme desangrar mientras me liberabas. La gota transparente y desenfocada asimilaba perfectamente la realidad y caía en cámara lenta.
Al terminar, me sonreíste con autoridad y superioridad absoluta y así mismo como apareciste, desapareciste. Rápido, lento y pensante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario