Sigo despertando a mitad en la noche aterrado. Debe ser por que el tiempo, aunque muchos no querremos, pasa y pasa y no hay manera de controlarlo. La fe juega una partida importante en las sensaciones determinadas de un pensamiento maldito que se repite una, otra, otra, otra, otra y otra vez. Será que estamos simplemente destinados a vivir así por siempre.
Cuánto... tan solo cuántos olvidados. Es cierto que somos una pequeñez infinita en este universo lleno de acertijos que probablemente jamás serán respondidos, sin embargo, no me gusta pensar en el olvido.
No. No es morir. Si morir fuera solo una etapa, se entendería como un proceso que durante años todas las culturas prometen una casa de acogida el día de nuestra hora.
Es como una casa de cartas que en cualquier momento se derriba sin previo aviso para despedirse de los pertinentes ni sonreír por última vez, pues no sé si es tan malo ser un agradecido del presente. Me gusta reírme, me gusta sentir, me gusta llorar, me gusta amar, me gusta que las cosas me gusten... me gusta vivir.
Tu, él, yo, aquellos. Tiempo, muerte, vida, nacimiento, letras y un poco de pisco para el olvido. Los pies descalzos en el gris de la ciudad fomentan la estupidez del olvido y no pensar en nada más que en lo que queremos olvidar.
Son las últimas horas del presente 2009. El otro, se vienen cambios rotundos, decisiones de vida, momentos especiales... pero ninguno como el presente, pues me da exactamente lo mismo lo que sucedió ayer y lo que sucederá mañana. A los interesados, les deseo desde lo más profundo de mi alma una permanente felicidad en esta vida tan corta...
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