Todos sabíamos que pasaría esto. Como esa mañana helada, con las nubes bailando y el sol paveando. Como aquel joven que sentado en una banca, no volvería a pensar en los amores olvidados. Esos que fueron y no fueron, que pasaron y no pasaron, y que ahogaron lo que quedaba de aquel sensato.
Y volverían a pasar las mismas cosas que en el ciclo vuelven a pasar, tal vez podríamos llegar a un consenso y politizar los comportamientos de las sociedades demacradas. De los ideales también asumidos por los viejos sabios que predijeron el futuro esplendor del fin como tal.
No. Ya no es volver, pues se derramar el vino y se quema el último cigarro en un fatalismo del recuerdo y las hipótesis, que si alguno pudo concretar, las conservó en el más preciso de su reflejo. Así como un tesoro en tus ojos o el mundo en tu sonrisa.
Podemos encontrar las excusas pertinentes del final recurso en las palabras, para hechizar lo que queda y caminar los pasos del aprendizaje y la experiencia.
Y volverían a pasar las mismas cosas que en el ciclo vuelven a pasar, tal vez podríamos llegar a un consenso y politizar los comportamientos de las sociedades demacradas. De los ideales también asumidos por los viejos sabios que predijeron el futuro esplendor del fin como tal.
No. Ya no es volver, pues se derramar el vino y se quema el último cigarro en un fatalismo del recuerdo y las hipótesis, que si alguno pudo concretar, las conservó en el más preciso de su reflejo. Así como un tesoro en tus ojos o el mundo en tu sonrisa.
Podemos encontrar las excusas pertinentes del final recurso en las palabras, para hechizar lo que queda y caminar los pasos del aprendizaje y la experiencia.
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