Son esos pasos que vas dando al ritmo de Thriller del gran Michael Jackson los que te ayudan muchas veces a mirar/caminar distinto. Y lo que alguna vez juzgaste y apuntaste con el dedo a los creyentes y devotos incondicionales antes sus cábalas, es lo que finalmente te enseña que la vida es un ciclo perfecto y hay que respetarlo.
Y pensar que lo que empieza sin gloria ni pena, se transforma en una sonrisa robada por un recuerdo de distintas situaciones que te van enamorando nuevamente de lo esencial y no lo implantado.
Desde esa agradable noche con amigos improvisados y deseos reales para gente nueva. Pues esencialmente seguimos siendo buenos seres humanos que buscamos el bienestar de algún otro, y hablo también de la gente desinteresada. Hasta aquella mujer que observaste toda la jornada y se acerca a ti en el momento más inestable.
Pero si tengo que irme un poco del tema me detengo algunos segundos en esa chica. Y es porque para alguien que idealiza o romantiza cualquier tipo de situación en algo único e inigualable, es mucho afirmar que se ha enamorado sólo una vez. Porque no es más que en el final de la jornada de trabajo y bastante cansancio, sea sólo ella en despedirte y robarte una sonrisa.
Te pide ayuda en algo tan simple que te romantiza. Sólo una vez, al final y con la mejor música de acompañamiento. Es como si se abrieran aquellos árboles en un camino olvidado y antiguo donde los autos son carruajes y tu brazo junto al mío es lo más medieval que hice en el último tiempo.
Preciso, simple, lento y fugaz. Me sonreíste y te acompañé para no tener problemas con aquellos dragones a los que estábamos expuestos y terminamos despidiéndonos, como si fuéramos los más grandes amores perdidos en un segundo de ilusión.
Finalmente camino a casa, como perdido y buscando sonrisas, llegaste. Por último y me dijiste lo que necesitaba oír. En medio de república volví a creer que las cosas nacen y mueren, simplemente porque es su finalidad ante la inmensidad de la vida. Una vez más puedo pedir perdón en cometer lo mismos errores que alguna vez cometí y llegar a darme cuenta que las oportunidades son una y ninguna.
Y pensar que lo que empieza sin gloria ni pena, se transforma en una sonrisa robada por un recuerdo de distintas situaciones que te van enamorando nuevamente de lo esencial y no lo implantado.
Desde esa agradable noche con amigos improvisados y deseos reales para gente nueva. Pues esencialmente seguimos siendo buenos seres humanos que buscamos el bienestar de algún otro, y hablo también de la gente desinteresada. Hasta aquella mujer que observaste toda la jornada y se acerca a ti en el momento más inestable.
Pero si tengo que irme un poco del tema me detengo algunos segundos en esa chica. Y es porque para alguien que idealiza o romantiza cualquier tipo de situación en algo único e inigualable, es mucho afirmar que se ha enamorado sólo una vez. Porque no es más que en el final de la jornada de trabajo y bastante cansancio, sea sólo ella en despedirte y robarte una sonrisa.
Te pide ayuda en algo tan simple que te romantiza. Sólo una vez, al final y con la mejor música de acompañamiento. Es como si se abrieran aquellos árboles en un camino olvidado y antiguo donde los autos son carruajes y tu brazo junto al mío es lo más medieval que hice en el último tiempo.
Preciso, simple, lento y fugaz. Me sonreíste y te acompañé para no tener problemas con aquellos dragones a los que estábamos expuestos y terminamos despidiéndonos, como si fuéramos los más grandes amores perdidos en un segundo de ilusión.
Finalmente camino a casa, como perdido y buscando sonrisas, llegaste. Por último y me dijiste lo que necesitaba oír. En medio de república volví a creer que las cosas nacen y mueren, simplemente porque es su finalidad ante la inmensidad de la vida. Una vez más puedo pedir perdón en cometer lo mismos errores que alguna vez cometí y llegar a darme cuenta que las oportunidades son una y ninguna.
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