Finalmente y en el último respiro que queda, es cuando me doy cuenta que a nadie le importa. Y caemos en la inconsciencia del presente, para entender lo que nos deja y para dónde vamos, a pesar que los caminos son distintos, pierdo la fuerza y caído de rodillas confieso ante mis ausentes dioses que los milagros suceden sólo para la personas extraordinarias.
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