La tierra mojada se olía de manera distinta. Es el frío del invierno el que diariamente nos enseña que queda menos para la primavera, y es aquel niño con los zapatos sucios quien lo recordaba en cada paso que daba.
Lo que le gustaba particularmente, era poder observar las pequeñas gotas en el musgo de los distintos árboles nativos. "Son del sur" decía la gente del norte para referirse a sus distintas cualidades, ya que como sus bosques, los sureños eran fuertes, trabajadores y con un excelente humor gracias a sus botellones de vino que integraban a su dieta diaria.
La fiesta era interminable y el destino a casa también. El camino verde y húmedo era gris y lluvioso, los árboles ahora eran autos, los musgos semáforos y la tierra cemento. Aquel niño de los zapatos sucios ya no estaba, pues había estudiado, crecido y encontrado su destino en la capital.
Como aquel susurro llega el recuerdo. Si, ese mismo que nos hace muchas veces romper el silencio de la espera, pues una vez más se acepta el pequeño deseo de poder tenerla en esos brazos. Ya no era lo mismo, pero quizás esta vez eso no importaba, pues bastaba con el pequeño recuerdo de aquellos árboles para saber que el camino era el correcto.
Y es aquí cuando el pequeño vuelve arrepentido y confiesa al viento que le haces falta. Debemos aceptar una vez más que la vida es caprichosa, y él mismo lo sabía, pues la verdad es que pase lo que pase tu sonrisa siempre va a iluminar lo necesario para salir adelante y simplemente terminar una vez más donde mismo.
Lo que le gustaba particularmente, era poder observar las pequeñas gotas en el musgo de los distintos árboles nativos. "Son del sur" decía la gente del norte para referirse a sus distintas cualidades, ya que como sus bosques, los sureños eran fuertes, trabajadores y con un excelente humor gracias a sus botellones de vino que integraban a su dieta diaria.
La fiesta era interminable y el destino a casa también. El camino verde y húmedo era gris y lluvioso, los árboles ahora eran autos, los musgos semáforos y la tierra cemento. Aquel niño de los zapatos sucios ya no estaba, pues había estudiado, crecido y encontrado su destino en la capital.
Como aquel susurro llega el recuerdo. Si, ese mismo que nos hace muchas veces romper el silencio de la espera, pues una vez más se acepta el pequeño deseo de poder tenerla en esos brazos. Ya no era lo mismo, pero quizás esta vez eso no importaba, pues bastaba con el pequeño recuerdo de aquellos árboles para saber que el camino era el correcto.
Y es aquí cuando el pequeño vuelve arrepentido y confiesa al viento que le haces falta. Debemos aceptar una vez más que la vida es caprichosa, y él mismo lo sabía, pues la verdad es que pase lo que pase tu sonrisa siempre va a iluminar lo necesario para salir adelante y simplemente terminar una vez más donde mismo.
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