Caminamos sin avanzar mientras lloramos el silencio y buscamos sin encontrar cuando no logramos ver el firmamento. Pues una vez ya fue suficiente para llegar a ese punto que busca y rebusca lo que no está claro en esa distancia.
Si, pues llegó el instante del pensamiento y el autoencuentro de un destino que se forja agraciadamente como el metal en las manos de aquel herrero. Un martillo tras otro invaden los recuerdos. Un respiro tras otro inflan nuestro pecho. Una sonrisa, un momento, un abrazo o un beso.
Cómo hacer lo que nadie ha hecho si estamos tan lejos.
Y son los sonidos. Esos ruidos molestos que hacen mis pasos en aquel piso de madera, los que no dejan que los amantes del silencio puedan escuchar tranquilamente los susurros de los sentimientos. La sutileza, la ternura, la felicidad, el coqueteo, el misterio, la pena, el reencuentro...
Lo entiendo, lo acepto y lo leo, pues qué otra cosa puede ser la fuente de motivación que poseo mientras espero. Sentado, paciente y extrañamente en silencio... pues ya sé que ahora último sólo he sido un necio.
Si, pues llegó el instante del pensamiento y el autoencuentro de un destino que se forja agraciadamente como el metal en las manos de aquel herrero. Un martillo tras otro invaden los recuerdos. Un respiro tras otro inflan nuestro pecho. Una sonrisa, un momento, un abrazo o un beso.
Cómo hacer lo que nadie ha hecho si estamos tan lejos.
Y son los sonidos. Esos ruidos molestos que hacen mis pasos en aquel piso de madera, los que no dejan que los amantes del silencio puedan escuchar tranquilamente los susurros de los sentimientos. La sutileza, la ternura, la felicidad, el coqueteo, el misterio, la pena, el reencuentro...
Lo entiendo, lo acepto y lo leo, pues qué otra cosa puede ser la fuente de motivación que poseo mientras espero. Sentado, paciente y extrañamente en silencio... pues ya sé que ahora último sólo he sido un necio.
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