Después de todo ese tiempo resistiendo, el viajero olvidado de los sentimientos llegó al lugar del principio. Recordó sus paseos por el río Sena. La primera alegría, obsoleta de ilusiones y de euforia como esas mismas de aquel niño que empezaba a conocer un mundo nuevo y distinto.
Acabado, derrotado y desarmado llegó al principio, para que ella mediante su lenguaje y sus señas te hizo recordar la sonrisa perdida por los momentos de angustias. Sus palabras de aliento y su preocupación se completaron con esa última noche en Europa con un vino blanco malísimo, el tabaco, la ventana abierta y la conversación nocturna que me hizo encontrar a una eterna compañera.
Gracias por acordarte de lo que había olvidado y gracias por entender y compartir contigo.
Nostálgicos son los segundos donde recuerdo todo y es ahora donde me doy cuenta de lo conseguido. Ha sido un gran día. Sigo por ese desvío, pues perdido está el que aun no encuentra su hogar.
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