Eran las 5 de la mañana y algo no iba bien. Las luces se fundían con el silencio que llamaban a la puerta de los distintos pensamientos de un momento inoportuno. La sed y sequedad del instante, hicieron que mi necesidad de hidratación fuera a la brevedad máxima posible.
Mis pies descalzos hicieron contacto con el frío suelo, lo cual me dio un puñetazo de realidad que no estaba dispuesto a tolerar en ese instante, pues en un par de horas anteriores, la calidez de un relato junto a una persona de otro lugar del planeta hicieron que mis ojos, mi alma y mi cuerpo volvieran a soñar.
Si. Volví a soñar; quizás por unos días, quizás por unos meses, quizás por unos minutos, quizás por unos años, quizás... sólo quizás por un segundo. Segundo interminable que es mi presente pasado de una vida irreal que vivo llena de momentos de esperanza.
La esperanza es lo último que se pierde.
Mientras hablabas y sonreías me di cuenta que soñabas y viajabas como una libre ave que emprende sus primeros aletazos en búsqueda de la libertad... quizás de un sueño, quizás el mismo sueño que alguna vez tuve y que contigo vuelvo a creer.
El vaso llenó mi necesidad. El agua cristalina pura y desintoxicada viajaron por el fondo de mi cuerpo y la prontitud del tabaco (asesino sutil) se hicieron presente en mi más próximo deseo.
Salí y los naranjos colores del cielo, junto con la negrura eran el escenario perfecto para mi confesión más profunda. El silencio invadió mis pensamientos y crearon un zumbido eterno que fue difícil silenciar. La esperanza se fue con los sonidos de las aves nocturnas y con los vehículos perdidos en una noche perfecta.
Al darme cuenta que lo único que me quedaba era la esperanza, decidí entrar y ver el tesoro más deseado desde hace un par de horas. La negrura y los naranjos a mi espalda me repetían lo imposible y alcanzable a la vez que era en ese momento. Sacudí mis pensamientos y en una dosis de realidad necesaria para alguien con pocos pies en la tierra, aproveché ese instante preciso para acostar mis recuerdos y mis ideas y simplemente dormir...
La última mirada antes de caer en el sueño profundo se alzó al horizonte y vi que lo único que quedaba en la retina de mis ojos... era el negro y el naranjo.
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