Sigo con lágrimas en los ojos.
Es como encontrar un brazo alentador; acompañado de una voz de experiencia que me dice al oido que el tiempo pasa y mañana es un día nuevo. La textura ya gastada por los años es la que sienten mis dedos, pues en el momento de desesperación máxima, mi destino me llevó a ella. La única persona que me ha acompañado toda la vida.
Su susto, su mirada, su compañía en la frasada, me hicieron recorrer la historia de mis 23 años junto a ella. El pésame infinito y consolador, es el respiro profundo que necesitan mis sentimientos.
No quiero mirar el mañana. Tampoco el ayer. Sólo lo que me hace pensar y palpar el real sentimiento de la pérdida del presente.
No es culpa de nadie, sólo fueron malos caminos y la pérdida de un rumbo en común. El amor es lo que nos hace vivir, soñar, sonreir y disfrutar. Su falta, se hace tangible y presente en los comienzos de un mañana distinto.
Quiero vivir mi luto tranquilo, pues dos semanas no se borran con un simple soplido. Son personas distintas que han recorrido un nuevo mundo, con respeto y con tranquilidad. El aire mueve las cortinas de mi dormitorio y la brisa fresca hacen darme cuenta que estoy viviendo mi primera pena de amor...
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